27 de enero
El Valor no se negocia
Te alabo porque soy una creación admirable;
tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien.
Salmos:139 , 4
Vivimos en un mundo que suele medir a las personas por lo que logran, por lo que producen o por lo que muestran. Sin embargo, el verdadero valor de una persona no nace de sus títulos, de su historia perfecta ni de la mirada ajena. El valor está en lo que Dios ve, aun cuando otros no lo notan.
Cada persona es única, irrepetible y profundamente amada. No somos un número, ni un error, ni una comparación. Somos obra de Sus manos, pensados con intención y creados con propósito. Cuando entendemos esto, dejamos de mendigar aprobación y empezamos a caminar con dignidad, incluso en medio de la fragilidad.
Reconocer el valor propio también nos enseña a honrar el valor del otro. A mirar con más respeto, a hablar con más cuidado y a amar con más verdad. Porque cuando sabemos cuánto valemos, aprendemos a valorar.
Nunca olvides esto: tu valor no depende de las circunstancias. Está sellado por Dios y nadie puede quitártelo.
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