A veces podemos pasar días, semanas, incluso años, simplemente haciendo lo que toca. Levantarnos, trabajar, estudiar, cumplir, resolver… y sin darnos cuenta, empezamos a vivir en piloto automático.
Pero Dios no te llamó a vivir así.
Cuando entregaste tu vida a Jesús, no solamente recibiste salvación. También descubriste que sos hijo/a de Dios, que fuiste escogido/a y que hay un propósito único para tu vida.
Y ese llamado no depende de que tengas todo resuelto, de que seas perfecto/a o de que estés preparado/a.
Dios no llama a los preparados; Dios prepara a los que llama.
Hay tres palabras que pueden ayudarnos a entender ese llamado:
SALVACIÓN.
No importa cuál haya sido tu historia. Jesús te llama y te recibe tal como sos. Su invitación es para todos.
SANTIFICACIÓN.
Dios te llama a ser apartado/a para Él, a dejar que el Espíritu Santo transforme tu vida, tu manera de pensar y de vivir. No se trata solamente de creer, sino de permitir que Él haga algo nuevo en vos.
SERVICIO.
Dios puso dones, talentos y capacidades en cada uno. Y no los puso por casualidad. Hay algo que solamente vos podés hacer desde el lugar donde Él te puso.
Por eso, “todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor” (Colosenses 3:17).
Y sí… el llamado cuesta.
A veces implica salir de la zona de confort. A veces aparecen críticas, luchas, dudas o momentos en los que te preguntás si realmente vale la pena seguir.
Pero esas dificultades no significan necesariamente que estés en el lugar equivocado.
Seguir a Dios no siempre va a ser fácil, pero cuando entendés para qué fuiste creado/a, descubrís que el propósito también te sostiene.
Pablo pudo decir: “una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante…” (Filipenses 3:13).
Entonces quizás hoy necesitás preguntarte:
¿Estoy viviendo la vida que Dios me llamó a vivir o simplemente estoy dejando que los días pasen?
No vivas en piloto automático.
Fuiste salvado/a.
Fuiste llamado/a.
Fuiste preparado/a.
Y hay un propósito que Dios puso en vos.
No necesitás tener todo resuelto para comenzar. Solo necesitás decirle que sí a Dios y dar el próximo paso.
Porque tu llamado no es solamente algo que hacés.
Es parte de quién sos y de para qué fuiste creado/a.
Y quizás el paso que estás esperando que Dios te muestre…
es simplemente el que Él ya te está invitando a dar.
“Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.”
Romanos 11:29
